El arte como refugio, lenguaje y transformación
Desde pequeña, el dibujo y el color han sido mi refugio. Sin saberlo entonces, ya estaba creando mis propios espacios de calma, equilibrio y conexión conmigo misma. Ahí es donde siempre me he sentido en casa.
Mi camino no ha sido fácil. He convivido con la ansiedad y, durante años, con trastornos alimentarios que me hicieron sentir perdida y desconectada. Pero incluso en esos momentos, el arte siempre estuvo ahí, como una medicina silenciosa.
Crear sin pensar, sin normas, sin expectativas, era mi forma de volver a mí. De transformar lo que sentía en algo visible, de dar voz a lo que no sabía expresar con palabras.
Con el tiempo entendí que ese lenguaje —el del color, el cuerpo y la emoción— tenía un valor profundo. Por eso, a los 50 años decidí formarme en arteterapia (HEPHAISTO, Barcelona), después de haber explorado antes espacios como Metàfora y Grefart.
Hoy mi obra nace justo de ahí: de lo vivido, de lo sentido, de ese proceso de transformar la emoción en color.
Pinto para comprender, para soltar, para conectar.
Y, quizás, también para que tú puedas hacerlo.
